Noches que aún me debo
Secretos paisajes del ochenta y ocho, amigos,
no he podido renunciar al dolor, la confianza
o el abismo
entre un peregrino y mi cuerpo.
Lares de ayer merecidos por la desesperación,
allí perdí la palabra que puede
salvarme de la felicidad.
En un río de jóvenes me sumerjo una y otra vez,
al regreso no soy el mismo.
Sólo voy aliviando, arquero, tu sed
con mi sed errante
y no encuentro destinos más inciertos que mi corazón.
Amigo, peregrino,
noches que aún me debo:
puertas semiabiertas,
solares yermos, vidas
por las que echamos a rodar una pregunta
sin más respuesta que la víspera siempre.
Secretos paisajes del ochenta y ocho, amigos,
no he podido renunciar al dolor, la confianza
o el abismo
entre un peregrino y mi cuerpo.
Lares de ayer merecidos por la desesperación,
allí perdí la palabra que puede
salvarme de la felicidad.
En un río de jóvenes me sumerjo una y otra vez,
al regreso no soy el mismo.
Sólo voy aliviando, arquero, tu sed
con mi sed errante
y no encuentro destinos más inciertos que mi corazón.
Amigo, peregrino,
noches que aún me debo:
puertas semiabiertas,
solares yermos, vidas
por las que echamos a rodar una pregunta
sin más respuesta que la víspera siempre.
...
Después de escuchar a Salvador
Desnudos el pecho y la huella del amor propio
aún no sé si el pasado es el fin
o la belleza una tempestad.
Ya no deja el silencio del agua
su continuo abandono,
las tías siguen a hurtadillas los sobresaltos
que entre los muebles viejos rompían la tarde,
no ha vuelto a invadirme la dicha
de poseer la rama más alta del valle.
Dios, a dónde va la vida dañada, sus palabras.
Este hombre
niega sus ojos con la certidumbre
de que el viento traiciona al que dice, al que escucha.
Desnudos el pecho y la huella del amor propio
aún no sé si el pasado es el fin
o la belleza una tempestad.
Ya no deja el silencio del agua
su continuo abandono,
las tías siguen a hurtadillas los sobresaltos
que entre los muebles viejos rompían la tarde,
no ha vuelto a invadirme la dicha
de poseer la rama más alta del valle.
Dios, a dónde va la vida dañada, sus palabras.
Este hombre
niega sus ojos con la certidumbre
de que el viento traiciona al que dice, al que escucha.
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