jueves, abril 26

Maylén Dominguez



Quisiera estar en un sitio hecho de cosas que no recuerden nada,
inaugurarte
sin este ruido en el pecho
ni los rencores que ahuyentan al amor.
Ingenuo diste la coordenada que pretendí ignorar,
mi horror a ver los motivos milenarios,
tu estela pasada y recurrente,
la consecuencia de tu debilidad
siempre abocándose.
Quisiera estar donde nada me ensombrezca.
Pero tendría que hablarte,
de cualquier modo,
para que asistas a ver lo que en mí crece
cuando soy cálida al fin.
Si fuera dulce y tenaz mi idolatría,
si fueran justos mi voz, mi ardor,  
mi acento,
y no un embozo de la desesperanza,  
un canto fatuo
que lanzo porque vengas a creer en mí,
como que soy la razón,
yo, y no las otras:
sagradas, milenarias,
que te conducen al sueño elemental,
la vida elemental.
Qué sería de mí, torpe y silente,
cómo se harían mis noches insulares
sin este canto que abriga a algún dolor,
aunque no salva,
sin este grito, que puede adoctrinarte
desde su fondo rabioso y aterido.


miércoles, febrero 22

Alberto Acosta


DESTINO


Absorto en la triunfal desarmonía de este cuerpo
que no tiene otro destino que morir,
y tal vez exhalar una o dos líneas hermosas sobre el papel,
me pregunto si todo estuvo mal,
si no hubo otro camino.

No son dulces los antiguos recuerdos
sino espadas que se hincan
y dejan al aire los tendones.
¿A dónde marcha la belleza que se borra?
¿A dónde voy yo mismo?
Sólo hay una certidumbre:
no nos veremos más allá,
no nos inclinaremos  juntos otra vez sobre la hierba,
nuestros rasgos no se confundirán de nuevo en el espejo.

Como cualquier criatura
nos pudriremos solos al borde del camino,
entre dos pulsaciones,
con un clavo de oro hincado en las espaldas.








Cuba,1957- 2012.

domingo, agosto 28

Mariene Lufriú Rodríguez


I
La rama negra
Seca, tardía, amarga
También es bosque.


  
LOS EXILIADOS

Todavía la familia los busca
con la misma tristeza del ciego
que va al teatro
y se sienta en primera fila
la noche de las máscaras.



MIRADA TRISTE
                                                 Para Kenay, que todavía me mira desde la pared

La ciudad se desborda
en los límites de un mapa.
Las manadas emigran
y el hueco de su espacio
aprende los modos de permanecer.
La ciudad simula un telón raído
un escenario imposible
para la nueva función.
Por eso exhibe el mismo baile
de unos pies
que la recorren y la olvidan
la idéntica danza
de unas manos débiles
en el intento de sostenerla
la exacta rutina
de los cuerpos fugitivos.
La ciudad es un teatro viejo
de donde escapan las máscaras.
De nada han servido
mis canciones maltrechas
al sur de sus farolas
mis ganas sofocadas
en sus parques de noche
ni mis días de sol
aliviados por la sombra
de los laureles de la avenida.
Soy poco para la ciudad
y no puedo devolverle
esos retazos suyos
errantes
que se duermen
en New York, Madrid, La Habana, Miami
y que aún le pertenecen.
En cada casa hay al menos una foto
colgada en la pared
que la familia mira
mientras aviva en la memoria
el último abrazo.
Si yo fuera grande
o Dios
o presidente de la ciudad
mandaría a clausurar los caminos
y limpiaría todas esa vetas de ausencia
en las paredes.
Pero yo siempre lo digo
soy poco para la ciudad
y su legión de viajeros.
Frente a un mapa
desdibujado en los bordes
veo cómo adelgaza la ciudad
…y me apeno.



IMITACIÓN

Yo tenía unos peces…moribundos,
y no pude saber cuándo escapaban.
Las palabras oscuras que tragaban
me ocultaron la angustia de sus mundos.
Y mis peces se fueron al alarde
de enfrentar a las olas carniceras.
Solas, tristes, vacías sus peceras
colorean su ausencia cada tarde.
Mis peces se cansaron de callar.
por eso se lanzaron a otro mar
de espacios liberados y profundos.
Mis peces se han anclado en mi memoria
repitiéndose siempre aquella historia
en los hombres que tengo…moribundos.







Licenciada en Letras por la Universidad de La Habana. Pinar del Río, CUBA, 1987. Ha obtenido varios premios entre los que figuran el Internacional de Poesía NOSSIDE CARIBE 2003, el segundo de Literatura Erótica Farraluque 2006, el tercero de Narrativa Mangle Rojo 2007 y el Calendario 2008 de poesía. Tiene publicados los poemarios La ruta incierta (Ediciones Loynaz 2008) y Todos los semáforos en rojo (Casa Editora Abril 2009). Textos suyos aparecen en antologías, revistas y periódicos de España, Italia, México y Venezuela. Representó a Cuba en el 1er Encuentro de Jóvenes Escritores e Intelectuales del ALBA – Caracas – Venezuela. (2010) Es egresada del Centro de Formación Literaria “Onelio Jorge Cardoso” y miembro de la UNEAC y de la AHS.

martes, agosto 16

Yanelys Encinosa Cabrera





Recato


Por si las moscas vienen a posarse
póngome la cinta
de este lado del cuello

me anudo el lazo
sobre el lugar exacto de la abertura
de tal manera
que el sugerente comodín
funciona como adorno y como tapón
la elegante textura de la seda
se aviene al refinamiento
justo para despistar a los curiosos
y a quienes pretendan acusar
falta de compostura
la meticulosa hechura del nudo
se ajusta al torrente con tal precisión
que la sangre no logra salir a borbotones

una vez corregida la desmesura del afluente
podría abandonar el artilugio
y ventilar sin dilación la herida
pero descubierta
vulnerable
quedaría expuesta a la contaminación
como las abiertas llagas
de un animal corrompiéndose a la intemperie

mi sangre amenaza aún con la hemorragia
he de cuidar mi salud
mejor me ajusto el lazo
por si las moscas.




Habitación interior a oscuras
                    A Yamel Álvarez, el psicólogo


¿Qué hay detrás de los pétalos
                              de la impoluta textura de nívea flor
                                                         el más frío de los encantos?
¿Será visible el pistilo?

¿Qué hay detrás del telón
                              del decorado recinto
                                                      con lucecitas para escena?
¿Aplaudirán los andamios?

¿Qué hay detrás de los cuadros
                             del arte que amuebla
                                                   la quietud de la cal?
¿Llegará a moverse la pared?

Intrusos que ignoran asechan a la puerta
A oscuras no se abre

¿Qué amiga luz vendrá
                                                a traspasarme?






Mulata en el malecón

Ella entreabre las piernas
no esconde pudor su minifalda
ni titilan azules los astros a los lejos

la tatarabuela ruborizábase
ocultaba bajo el sayón los apretones
el temblor por la aversión y el agravio

el viento de la noche gira en el cielo y canta
el desafuero de la sal sobre la piedra

principios de las curvas descubiertos
donde otrora fue la mancha del ultraje
donde el blanco profanó la tersura del ébano

el índice invita al oscuro propósito
se acerca el objetivo y lo detiene
con su golpe de cintura lo derriba

luces y sirenas contra el mismo muro
nosotros los de entonces ya no somos los mismos

él viene al festejo y a la amnesia
no recuerda el ardor de sus ancestros
ni sonrójale la culpa de la afrenta

ella  omite la lágrima de la abuela
olvida la historia tantas veces repetida
la subvierte
blande las sutiles armas
esclaviza

muchas veces la venganza
perdón
 la vergüenza
es un golpe de olvido en la memoria




Lo doméstico
        A Rafael Álvarez


Mi amigo tiene su traje anclado a la aleta de un avión

cuando aterriza se desnuda
y vuelve a casa para dormir en paz
sueña con aviones y con peces de colores
el avión se rompe a veces
pero el traje permanece allí
dispuesto al vuelo como su sueño

ahora observo a mi amigo quemar su traje
muy lejos de casa
tiene los ojos bien abiertos

no volverá a dormir.




Equilibrio


Cuando un desamparo se pronuncia en la médula
alejarse del epicentro
tambalearse hacia los costados
dudar de los pronósticos y el rumbo
nos abalanza al terror
de lo impreciso

una cuerda parece tensarse
sobre la fragilidad
al borde del marasmo

la lucidez es la mirada al frente del equilibrista
cuando ha irrumpido ya en la cuerda floja
con su vara sobre los hombros.





domingo, julio 31

Irasema Cruz

LVI  PRELUDIO

El viento se llevó los algodones a las cinco de la tarde. El llanto inflama vacíos con ritual de palabras. Comenzaron sones del bordón, campanas de arsénico y el humo. Nieve y sal dormitan en mi brazo. Me siento cabeza de vidrio. Soy la grieta: naranja que pudre bolsillos. La verdad atravesó mis ojos, el húmedo árbol de la espuma. Gasto sudores sin traspasar puños. Cuando la plaza se cubrió de yodo, la muerte puso huevos en la herida. Un ángel ruge a las cinco del preludio. El toro marcha enfermo de noticias. El aire escupe sal como un círculo de gente. A las cinco salen ventosas por una puerta inferior a la vida. Ruge la pared, el toro lucha, truecan murciélagos, la semilla pierde contornos; mi hijo ríe sobre la carpa, fuera de mí.


LLUVIA DE OSCURIDAD

Esta soledad ya sucedió. A cuantos salvaré. Existe parir. Soy la hembra más común del hemisferio. Nada me importa. Un oscuro dolor bordea mi espinazo. Algo sucede… sombra de voz en mis rodillas. Si marcho, es decir, quedándome sin ausencia, cuantos no me salvarán. De quién vivirían los murciélagos, son animales humanos. No me salvarán. Escondí sombras rivales. Fui caudillo de mercaderes. Me aplastaron la cabeza. Dirán que soy libre,  que huyo para ser atrapada.


II

Qué mitad de grito me toca. Corro. Extrañamente hay lágrimas. Corro. Los diarios transmiten conciertos de jazz. Corro. Un niño sin piernas sube el puente de Manhattan. Corro… Si el mar conversara me hundiría en sus vértebras. En los parques no hay hojas. Grito. La culpa entiende. Las piedras son hombres. El hombre, manicomio. Manicomio, familia. Familia, hotel sin olores humanos. Los humanos, estatuas de algodón, amantes sin ojos. Mis ojos, necesidad de estar muerta. Morir, donante de lluvias. Y la lluvia tributa luz al vacío.

lunes, junio 13

Teresa Fornaris

Dispositio

(o Hasta que se acabe la luna)


I

Una parte de mí no venía en esta idea. Inventé un paisaje. Otro sitio (variante uno). Todo el trayecto el nervio apuntando a la humedad. El pensamiento. Aligerar la conciencia. No nos tocaríamos —la conciencia y yo.


II

Llegar. La mirada. El disimulo (variante dos). Este lugar. Una justificación para la idea. Escondrijo a las diez de la noche, o antes, o después. Mejor variante dos. Lo malo era la vista de los otros. Los acechadores que aguardaban tras lo “nunca se sabe”. Hay que tomar el riesgo y el fondo de cristal antes de llegar al camino.



III

La costa. Sentarse frente al mar. Chateau. Copacabana. La chica de Ipanema. Imposibilidad del tiempo. Temor de la letra. Lo repentino fue el viaje. Y la variante dos. Yo lo agradezco. En otro sitio no podríamos saber.


IV

Como en la mano que camina y una dice “no hay labios, no estaremos dentro, es el límite”. El mar lo mira burbujeante. Tan oscuro. No puede creerme. Respira su rugido sordo. Tiembla. La pregunta ¿Para qué? Pero es inútil. La prohibición no existe como no existe el límite. Otro sonido y cuerdas que han dicho “mírame” pero no es el ojo lo que busca.


V

Raro sabor de la palabra. Entre las piernas. Cualquiera pasa con su perro. Nunca tan cerca de la costa que imaginaba más oscura. Por los acechadores nunca se sabe. Pero la humedad es mayor. La sal está en las manos. En la respiración tan cerca ¿Para qué vine? No es mi conciencia lo que toco.


lunes, junio 6

Antonio Armenteros

MOTEL

Nunca dijimos que el monte concluía en la línea
en la blanca arena
       --que los naturales designan: amplia, azul, bella—
y lo escabroso del litoral.
Existe una cajita china a la cual llamamos ventana
una ventana blanca de ternura
y un deseo largo:
                         ¿Enséñame?
A tachar de mi sangre esas imágenes
--a priori-- evitar estos reclamos
sutiles de la mente.


***


DIÁLOGO CASI ZEN

                                   Por ellas. Para M…

Ha estado lidiando con el cangrejo,
directamente en el pecho –me dice--,
y luego muestra unas pelusas que le están naciendo
en la cabeza: “Es producto de la quimioterapia”,
explica y continúa: “Debías saberlo”.
Sé que es terriblemente bella como nadie,
a pesar de la caída del cabello y esos ojos.
¡Dios mío, esos ojos!
--Nacemos para morir, polvo somos.
De todas esas cosas conocidas, dolorosas,
habla sin ganas de callarse y más tarde
se anuda un pañuelo florido,
con un gesto que escapa al poema real
haciéndomelo saber de golpe o mejor dicho
sin golpe, directamente hasta mi entendimiento.
--Involucrando toda mi conciencia:
“Antes de los dolores, era tan estúpida,
sigo siendo tan idiota como antes, pero ahora sé
--es la diferencia-- que existen días. ¡Amor!
Días que no tienen precio”.  Y calla.


***


EMBIL

Al mediodía desde la seguridad de sus balcones me hacen creer que nuestras  existencias caen/caben en el maratón de la muerte sin apenas notarlo. No dejen que esa mujer golpeé mi puerta con la posibilidad de un entendimiento, un mejoramiento más allá de lo estrictamente creíble. ¿Será por qué habitó el primer piso y mi perspectiva se aleja de los cuestionamientos/las diferencias? Desde sus balcones al mediodía me hacen creer que nuestras existencias caen  al maratón de la muerte sin apenas soñarlo. No permitan que esa mujer golpeé la puerta con la posibilidad de la división de los cuerpos.
Al mediodía desde mi perspectiva los veo alinearse en sus balcones cual máscaras de Karnak.